Dormir en un convento: hoteles boutique en el Centro Histórico de Cartagena
Un palacio arzobispal, dos claustros del siglo XVII y las mesas clásicas del barrio, en un día por la ciudad amurallada.
Al otro lado de un portón de madera, la ciudad se apaga. El ruido de las calesas y de los vendedores se queda en la calle, y adentro solo hay un claustro en sombra, el goteo de una fuente y el olor de la tierra mojada en el jardín. Lo mejor de alojarse en el Centro Histórico de Cartagena es que todo queda a pie: la cena, el café de la mañana y la vuelta a casa de madrugada por calles de piedra. Y muchos de sus hoteles no se construyeron como hoteles: fueron conventos, palacios y casas de familia antes de recibir huéspedes. Estos son algunos de nuestros favoritos, todos a pocas cuadras de Casa Salvaje.
Una ciudad de claustros
Desde que Pedro de Heredia la fundó en 1533, Cartagena fue tan devota como rica. Mientras se levantaban las murallas para defenderla de piratas como Francis Drake, que la saqueó en 1586, las órdenes religiosas fueron llenando la ciudad de conventos: los franciscanos en San Diego, las clarisas en Santa Clara, las carmelitas en Santa Teresa. Cada uno era una pequeña ciudad cerrada, con su huerta, su aljibe y sus secretos.
Con la independencia, esos claustros cambiaron de vida varias veces: fueron cárceles, hospitales y escuelas. Hoy algunos son hoteles, y en sus corredores conviven las piedras del siglo XVII con las piscinas en la azotea. Pocas ciudades permiten dormir, literalmente, dentro de su propia historia.
Por eso estos hoteles no se eligen solo por las habitaciones. Se eligen por lo que pasó entre sus muros, y en Cartagena siempre pasó algo.
Estos hoteles no se eligen por las habitaciones, sino por lo que pasó entre sus muros.
I · La mañana
El silencio del Arzobispado
Casa del Arzobispado
Un hotel boutique pequeño, a pasos de la Catedral, en una casa colonial que fue residencia arzobispal. Pocas habitaciones, un ambiente muy tranquilo y la sensación de tener el Centro para ti solo.
Está en la calle que lleva su nombre, la del Arzobispado, frente a la Catedral de Santa Catalina. Por dentro la casa no ha olvidado su pasado religioso: todavía se ven cuadros sacros en sus paredes, como si los antiguos inquilinos no hubieran terminado de mudarse.
Ideal para quien busca silencio en medio de la ciudad y salir a cenar caminando.
II · La tarde
Dos conventos
Sofitel Legend Santa Clara
El antiguo convento de las clarisas, del siglo XVII, es uno de los edificios con más historia de Cartagena. Después de las monjas fue hospital, cárcel y escuela de medicina, hasta que en 1995 abrió como hotel. El claustro y sus jardines se conservan, y basta cruzar el portón para entender por qué es un clásico de la ciudad.
Las obras del convento terminaron en 1621. Más de tres siglos después, en 1949, un joven reportero llamado Gabriel García Márquez fue enviado a cubrir el vaciado de sus criptas, y vio salir de una tumba una cabellera de color cobre de más de veintidós metros. De esa imagen nació Del amor y otros demonios, la historia de Sierva María, encerrada en este mismo convento. La cripta sigue ahí, en medio del bar El Coro, protegida por un cristal.
No te pierdas la cripta, tras el cristal del bar El Coro.
Charleston Santa Teresa
En la Plaza de Santa Teresa, la que le da nombre a nuestra calle, está este hotel que ocupa otro antiguo convento: el de las monjas carmelitas. Combina un ala colonial con una republicana y tiene piscina en la azotea con vista sobre los tejados y la muralla. Desde su puerta hasta la nuestra es una caminata muy corta.
El ala colonial se levantó en el siglo XVII para las carmelitas, y cuando las monjas se fueron, el edificio tuvo varias vidas: fue cárcel, colegio de niñas y estación de policía, hasta que una gran restauración en los años ochenta lo convirtió en hotel. Es, en cierta forma, el vecino más antiguo de Casa Salvaje.
No te pierdas la piscina de la azotea, con la muralla de fondo.
III · La mesa
Clásicos para comer cerca
La Plaza de San Diego le debe su nombre al convento franciscano que funcionó allí entre 1608 y 1821. Después fue escuela náutica, luego cárcel hasta 1968 y por unos años hospital psiquiátrico, antes de convertirse en la Escuela de Bellas Artes. Hoy, donde hubo presos, se oyen ensayos de música y se huele a pintura fresca.
La Vitrola
Una casa colonial frente a la muralla y una institución de la ciudad, con música cubana en vivo por la noche.
Juan del Mar
Mariscos en una casa colonial de la Plaza de San Diego, uno de los rincones con más ambiente del Centro.
Ely Café
Para el brunch: su sede de Bocagrande, a pocos minutos de la ciudad amurallada, es de las favoritas para empezar el día.
Epílogo
Un plan de un día
Brunch, caminata por la muralla cuando baja el sol, un trago en la azotea del hotel y, para la noche, fuego en Kanibal o el banquete de SLVJ. De jueves a sábado, el club sigue hasta las 3 am y el hotel queda a pocas cuadras.
En el camino, vale la pena desviarse por la calle de la Factoría. En la casa de la esquina con la carrera segunda vivió el pintor Alejandro Obregón desde 1968 hasta su muerte, en 1992: el artista de los cóndores y las barracudas que eligió esta ciudad para pintar. Cartagena siempre ha sido así, una ciudad que los artistas escogen y que después no los deja ir.
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Estamos en la Calle Santa Teresa #32-41, a dos cuadras de la Plaza Santo Domingo. Kanibal abre de lunes a sábado desde el mediodía y SLVJ sirve la cena desde las 7 pm. Revisa los horarios antes de salir.
