La ciudad de las cosas bellas: una guía para comprar en Cartagena
Un día por el Centro Histórico, de St Dom a las antigüedades coloniales de Atticca, con la historia que guarda cada calle.
Hay una hora en Cartagena, poco antes del mediodía, en que la luz se vuelve blanca y las calles se vacían. Las fachadas ocres, amarillas y azul añil devuelven el calor, las buganvilias se derraman desde los balcones de madera y detrás de cada portón entreabierto se adivina un patio en sombra. Es la mejor hora para entrar a una tienda. No para comprar con prisa, sino para hacer lo que esta ciudad ha hecho durante casi cinco siglos: mirar despacio las cosas bellas que llegan de lejos, y quedarse con una.
Un puerto hecho para desear
Cartagena no nació para ser bonita; nació para comerciar. Pedro de Heredia la fundó en 1533 sobre una bahía que pronto se volvió la puerta de América. Por aquí salían hacia Sevilla el oro, la plata y las esmeraldas, y por aquí entraban las sedas, los vinos y los objetos que las familias criollas exhibían en sus salones. Tanta riqueza atrajo a los piratas (Francis Drake saqueó la ciudad en 1586), y la respuesta fue de piedra: las murallas que todavía la abrazan y que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad en 1984.
Las tiendas de hoy ocupan las casas de aquellos comerciantes, en calles que conservan sus nombres de entonces. Comprar aquí, en el fondo, es seguir la misma conversación: la de una ciudad que siempre ha sabido reconocer lo que vale.
Comprar en el Centro es seguir una conversación que empezó con los galeones.
Las manos que vinieron antes
Mucho antes de los españoles, los zenúes del Caribe colombiano trabajaban el oro con una finura que todavía detiene a la gente frente a las vitrinas de los museos. Río Magdalena arriba, en Mompox, los orfebres siguen haciendo filigrana: hilos de plata y oro tan finos que las joyas parecen encaje. Esa paciencia de manos colombianas no desapareció; cambió de materiales. Está en un tejido de crochet, en un vestido cortado a la medida del calor, en un mueble restaurado pieza por pieza.
El poeta cartagenero Luis Carlos López, en su soneto «A mi ciudad nativa», comparó a Cartagena con un par de zapatos viejos: se le quiere con el cariño terco de la costumbre. La ciudad le respondió con unas botas de bronce que hoy descansan al pie del Castillo de San Felipe. Esta guía está escrita con ese mismo cariño. Va de tienda en tienda, siguiendo el día, pero sobre todo va de historia en historia.
I · La mañana
Santo Domingo, el corazón de la ciudad
La Plaza Santo Domingo es el lugar donde Cartagena se sienta a mirarse. La preside la iglesia de Santo Domingo, una de las más antiguas de la ciudad, y entre las mesas reposa la Gertrudis de Fernando Botero, una mujer de bronce desnuda y generosa a la que todo el mundo le toca algo para la buena suerte. Alrededor, en pocas cuadras, está lo mejor del diseño colombiano.
St Dom
El concept store que puso a Cartagena en el mapa del diseño. Abrió en 2014 en una casa colonial con patio y jardín, de la mano de Alex Srour y Maya Memovic, los fundadores de la marca de ropa de playa Azulu. Desde entonces lo han reseñado el New York Times, Forbes y Vogue.
Entrar es recorrer un mapa de América Latina: moda, joyas, libros, arte y objetos para la casa, de nombres consagrados como Johanna Ortiz y Amelia Toro a diseñadores que todavía no se consiguen en otro lugar.
Llévate un vestido de autor colombiano, una joya hecha a mano o un libro de diseño.
Johanna Ortiz
La diseñadora colombiana más deseada afuera fundó su marca en Cali en 2003 y hoy se vende en Bergdorf Goodman, Saks Fifth Avenue y Moda Operandi. Llama a Cartagena su segundo hogar, y se nota: sus volantes, sus mangas amplias y sus estampados tropicales parecen cortados para las noches de esta ciudad.
Con Lauren Santo Domingo publicó en Assouline Cartagena Grace, un retrato de la ciudad visto a través de sus ojos. Su boutique está en la Plaza Santo Domingo.
Llévate un vestido largo de seda o lino para las noches de cena.
Silvia Tcherassi
Nació a orillas del Caribe colombiano, empezó como diseñadora de interiores y terminó en la moda: sus colecciones se han presentado en el calendario oficial de las semanas de la moda de París y Milán. Se nota la arquitecta que lleva dentro: cada prenda está pensada como un espacio.
Su boutique en la ciudad amurallada es pequeña y luminosa, y tiene lo que ella mejor sabe hacer: blancos ligeros, telas que respiran, siluetas hechas para el calor.
Llévate un vestido blanco que funcione del desayuno a la cena.
II · El mediodía
San Pedro y el Arzobispado
La Plaza San Pedro lleva el nombre de Pedro Claver, el jesuita que pasó casi cuarenta años bajando al puerto a recibir a los africanos esclavizados que llegaban en los barcos, para curarlos y bautizarlos. Se llamaba a sí mismo «esclavo de los esclavos para siempre». Su iglesia y su claustro siguen ahí, y su cuerpo reposa bajo el altar. Es la cara más dura de la historia de Cartagena, y también la que explica buena parte de su música, su cocina y su manera de estar en el mundo.
Soloio
Moda masculina española fundada en 1994, con el lino como emblema y el 70 % de sus piezas hechas en Italia. Llegó a Cartagena en 2016 y hoy tiene dos tiendas en el Centro: junto a la Plaza San Pedro y en la Calle del Arzobispado.
Es la elegancia relajada del Mediterráneo traída al Caribe: camisas, pantalones y bermudas de telas naturales que aguantan el calor y, en su línea Soloio Mare, vestidos de baño.
Llévate una camisa de lino en un color claro.
The Relicka
Una marca de Cartagena con una historia que vale la pena contar: toda su ropa está tejida 100 % a mano por mujeres colombianas cabeza de hogar. Es la herencia de aquellas manos zenúes y momposinas, puesta al día.
Trabaja desde tejidos gruesos hasta telas suaves y crochet, y su colección Caribeña nació justamente para este clima: piezas frescas, que respiran, y que no se parecen a nada que se venda en serie.
Llévate una pieza de crochet para la playa o para la noche.
Bahama Mama
Vestidos de baño y ropa de playa hechos en Cartagena desde 2014, inspirados en el Caribe colombiano. Sus diseñadoras, Nicole Acosta y Rocío Borré, trabajan con telas recicladas, algodón, lino y estampado digital ecológico, y todo se diseña y se fabrica en Colombia.
En 2022 desfiló en la Miami Swim Week junto a otras marcas colombianas: el Caribe, exportado con su propio acento.
Llévate un vestido de baño estampado para el día en Barú o en las Islas del Rosario.
III · La tarde
Santa Clara y San Diego
Hacia el norte de la ciudad amurallada, el barrio de San Diego se vuelve más callado. Ahí está el antiguo convento de las clarisas, levantado a comienzos del siglo XVII y convertido hoy en el hotel Sofitel Legend Santa Clara. En 1949, un joven reportero llamado Gabriel García Márquez vio cómo vaciaban sus criptas, y de una de las tumbas salió una cabellera de color cobre de más de veintidós metros. De esa imagen nació Del amor y otros demonios, la historia de Sierva María, la niña criada entre esclavos que terminó encerrada en este mismo convento.
Lina Cantillo
La diseñadora barranquillera lleva más de veinte años vistiendo hombres y es una de las voces más reconocidas de la moda masculina en Colombia, con pasarelas en Colombiamoda y en el Bogotá Fashion Week.
Su tienda está dentro del hotel, junto a la piscina: camisas estampadas, guayaberas, lino y piezas de resort hechas con oficio, para el hombre que quiere verse bien sin parecer disfrazado de turista.
Llévate una guayabera para la noche en SLVJ.
IV · Para la casa
Objetos con memoria
En una ciudad donde muchas casas tienen más de tres siglos, los objetos no son decoración: son memoria. Los muebles de caoba, los herrajes y las piezas de iglesia que llegaron en los galeones, o que se hicieron aquí con maderas del Caribe, siguen apareciendo en las casas del Centro. Algunos terminan en tiendas como estas.
Casa Chiqui
La tienda de decoración más icónica de Cartagena, en la Calle de la Universidad. La abrió Chiqui de Echavarría en una bodega de los años treinta que ella misma restauró, y es casi un gabinete de viajes: muebles y objetos que ha ido escogiendo de Bali a Marruecos y Suramérica, junto a su propia línea de joyas, bolsos y accesorios hecha por artesanos colombianos.
Llévate un objeto que cuente un viaje, o una joya de su línea propia.
Atticca
Antigüedades coloniales en la Calle del Cuartel, en pleno Centro Histórico: muebles, objetos y piezas de la misma época que las casas de la ciudad amurallada. Es el lugar para quien busca algo que nadie más va a tener, con la historia de Cartagena incluida.
Llévate una pieza pequeña que quepa en la maleta y tenga tres siglos encima.
Epílogo
Al caer la tarde
Cuando cierran las tiendas, la ciudad cambia de piel. Bajo el Portal de los Dulces, que antes fue el Portal de los Escribanos, Florentino Ariza escribía cartas de amor por encargo en El amor en los tiempos del cólera, y todavía se venden ahí las cocadas y los dulces de siempre. Es la hora de dejar las bolsas, darse un baño y salir otra vez: un aperitivo en La Domenica, una cena en Kanibal o en SLVJ. La noche en Cartagena empieza tarde y termina más tarde. Y si quieres seguir comprando, la segunda parte de esta guía, El oficio de la belleza, va de Las Bóvedas a La Serrezuela.
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Todas a una caminata de Casa Salvaje, Calle Santa Teresa #32-41.
